Política

“La conquista de las Indias no fue un genocidio: fue una guerra”

logo
“La conquista de las Indias no fue un genocidio: fue una guerra”

La estatua de Cristobal Colón, en Barcelona. EL INDEPENDIENTE

Resumen:

La alcaldesa de Badalona pretende no celebrar el 12 de octubre en la localidad utilizando la “falta de arraigo” del festejo como argumento. Fue allí donde los Reyes Católicos recibieron en audiencia a Cristóbal Colón tras su primer viaje a América.

Dolors Sabater se refirió al “genocidio” cometido por España en el continente americano, pese a que sea una visión negada desde hace tiempo por la comunidad académica.

“Hubo muchos abusos individuales, pero no de Estado”, defiende la experta Teresa Cañedo, que asegura que, lejos de poder atribuir al imperio español un genocidio, fueron sus leyes en defensa de los indígenas las que sentaron las bases de los Derechos Humanos y el derecho internacional.

“Hoy en día, en las universidades se estudia el proceso de conquista y colonización como un episodio plagado de epidemias, carestías y guerras que condujeron a la catástrofe demográfica”, detalla otro experto. La transmisión de enfermedades hasta entonces desconocidas en el continente es, según el consenso americanista, la principal justificación del tremendo descenso de la población.

La Leyenda Negra, impulsada por los enemigos de España en la época, ha sobrevivido hasta hoy basándose en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, escrita por Bartolomé de las Casas como impugnación al sistema de encomiendas con el que los colonos administraban los nuevos territorios.

Juan de la Peña fue uno de los tripulantes que acompañaron a Cristóbal Colón en su ‘Viaje del descubrimiento’. Uno de los primeros europeos en pisar el continente americano y, desde luego, uno de los primeros en volver para contarlo. Lo hizo en 1493 con una misión: acompañar a Colón de vuelta a casa, informar a los Reyes de la existencia de la ruta a un nuevo mundo y mostrarles una selección de lo que allí se encontró. Vegetales, metales, aves y siete indios exhibió la expedición por la península antes de llegar a su destino, Badalona, la ciudad que en 2016 no quiere celebrar el 12 de octubre por decisión de su alcaldesa Dolors Sabater, escudada en el argumento de que ni la festividad ni sus valores “tienen arraigo” en la localidad. Caprichoso destino, aunque siempre puede serlo más.

En ese mismo tour peninsular la caravana hizo una parada en Sevilla, cerca del actual Archivo de Indias, para publicitar su botín frente a una marabunta compuesta, entre otros, por el sobrino de Juan de la Peña, Bartolomé de las Casas, que partiría hacia el nuevo continente una década más tarde como doctrinero. Una vez allí fue encomendero y acabó de obispo de Chiapas, en México, aunque el pase a la posteridad se lo dio el cargo de Protector universal de todos los indios de las Indias.

Como primigenio activista, De las Casas se dedicó a documentar los muchos abusos perpetrados por los colonos y a denunciarlos ante la Corona, que en innumerables ocasiones pidió buen trato para los habitantes originales del territorio y promulgó leyes en defensa de los que eran sus súbditos, no sus esclavos. Isabel de Castilla, incluso, legó esta instrucción antes de morir. Las Leyes de Burgos, primero, y las Leyes Nuevas, después, son escritos fundacionales en el derecho internacional con independencia de su aplicación en el momento, pobre, debido generalmente al conflicto en el que entraban con los intereses económicos de quienes se habían convertido ya en caciques.

Leyenda Negra

Suya es la responsabilidad de la Leyenda Negra que acompaña al recuerdo de la colonización, y que esgrime como argumento el ayuntamiento de Badalona, 500 años más tarde, para hacer trabajar a sus funcionarios durante la Fiesta Nacional de España. Quienes, como Sabater, reivindican los 12 de octubre el “nada que celebrar” lo hacen bajo la idea de que el festejo rememora en realidad un genocidio, aunque historiadores y americanistas están desde hace tiempo muy lejos de coincidir con esta visión.

Teresa Cañedo-Argüelles es profesora titular de Historia de América en la Universidad de Alcalá de Henares y lleva casi cuatro décadas trabajando con comunidades indígenas en Perú y aborígenes en el Caribe. Y dice que le indigna, sobre todo, “la ignorancia”.

¿Qué país ha ofrecido a sus indígenas un cauce legal para reclamar sus derechos?

“Hubo muchos abusos individuales, pero no de Estado”, defiende con vehemencia antes de loar la actitud del Reino frente a los explotadores y el decisivo rol de vanguardistas como Francisco de Vitoria, que impulsó las leyes más progresistas dictadas nunca hasta entonces desde una metrópolis hacia su imperio. “El debate que allí surge pone las bases de los Derechos Humanos. En Salamanca nacen la antropología y la posibilidad de trascender el etnocentrismo europeo. Se cumplan o no, se ponen los cauces para que el indio reclame justicia. ¿Qué país ha ofrecido a sus indígenas un cauce legal para reclamar sus derechos?”, detalla para acabar con una sentencia: “Eso es lo que celebro yo el 12 de octubre”.

Pero reconoce, también, que es de las pocas, porque el desconocimiento sobre el proceso de colonización es casi total y España hace tiempo que perdió una batalla por el relato que se inició, precisamente, con Bartolomé de las Casas y su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. El libro, que relata atrocidades cometidas por los caciques españoles en sitios que, en algunos casos, no llegó nunca a pisar, pretendía ser una reclamación ante la Corona para abolir el sistema de encomiendas. En manos de holandeses, alemanes, franceses e ingleses, que editaron e ilustraron hasta 30 versiones de la obra, terminó siendo sin embargo la gasolina de una Leyenda Negra que se extiende hasta la actualidad y que nació por motivos, puramente, económicos.

‘Violencia sí, pero genocidio no’

“¿Qué estaban haciendo los británicos con los nativos americanos?”, se pregunta Teresa para abordar una colonización que se producía, al mismo tiempo que la española, en el mismo continente. Responde Bernat Hernández, profesor de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona: “La expansión norteamericana hacia el oeste tuvo mucho de exterminio. El uso del contagio deliberado de gérmenes fue habitual y el desprecio racial hacia el americano originario fue la tónica”.

Los que hablan de genocidio o no saben nada de Historia o no quieren saberlo. Suponen, con razón, que en España se enseña muy mal

“Todo eso está escrito, pero muy poco divulgado”, lamenta Cañedo, en la misma línea que el historiador Gabriel Tortella, compañero en la Universidad de Alcalá de Henares y catedrático emérito de la institución: “Los que hablan de genocidio, o no saben nada de Historia, o no quieren saberlo. Suponen, con una cierta razón, que en España la Historia se enseña muy mal y creen que todas las mentiras que cuenten se las va a tragar la gente”. “Violencia sí, pero genocidio no”, concluye, en consonancia con la práctica totalidad de la comunidad académica.

Es la misma posición que sostiene, por ejemplo, Patricio Hidalgo, catedrático del departamento de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid: “La conquista castellana de las Indias no fue un genocidio: fue una guerra”, señala, “y como en toda guerra hubo violencia, destrucción, barbarie y muerte”.

“Las posiciones críticas, aunque respetables, no dejan de repetir unos lugares comunes y unos tópicos ya superados por la historiografía académica desde hace, cuando menos, un cuarto de siglo”, confirma en el mismo sentido el profesor Bernat Hernández. “Hoy en día, en las universidades se estudia el proceso de conquista y colonización como un episodio plagado de epidemias, carestías y guerras que condujeron a la catástrofe demográfica indígena. Pero la conquista como tal fue sobre todo una guerra de ‘indios contra indios'”, abunda.

El devastador efecto de las enfermedades

Efectivamente había indios que ya explotaban a otros indios antes de la llegada europea. Hubo parte de esos indios que se aliaron con los nuevos explotadores para mantener a salvo o ganar nuevas posiciones de poder. Hubo guerras intestinas y, sobre todo, hubo enfermedades.

La primera fue una epidemia de gripe que se estima que acabó con casi el 20% de la población de la isla de La Española, que hoy comparten Haití y la República Dominicana. Se extendieron también por el continente la viruela, el sarampión, el tifus y la peste neumónica. Bacterias que portaban los colonizadores y que eran, hasta ese momento, prácticamente desconocidas para los indígenas.

La convención sitúa la población precolombina entre 40 y 65 millones, de los que el 95% murió en los 130 primeros años

La cantidad de muertes producidas a raíz de la llegada europea al continente americano es, a día de hoy, incalculable. Los infinitos estudios realizados sobre la población indígena antes de la colonización no aciertan a dar una cantidad realista, y fluctúan desde los 8 millones hasta los más de 110. Sin embargo, los estudios considerados más sólidos, basados en factores ecológicos y en la producción de alimentos, como recuerda Carlos Malamud en su Historia de América, estiman que la población de lo que después fue la América Española se situaba entre los 40 y los 65 millones. Las últimas indagaciones del doctor americanista Esteban Mira, sin embargo, vuelven a apuntar a cifras más cercanas a los 10 millones.

Discrepancias aparte, es casi una convención, eso sí, que durante los primeros 130 años de la conquista el 95% de esa población falleció. Pero lo es también que lo habría hecho igualmente si se hubiese producido más adelante y en otras circunstancias.

Aún hoy, tribus como los sentinelenses de la Isla Sentinel del Norte, que depende oficialmente de la India, permanecen sin contactar y absolutamente aisladas de la civilización. En parte por su actitud hostil y su ubicación remota, pero también porque, en 2016, el contacto con cualquier agente exterior acabaría con su sociedad en cuestión de semanas.

La mayor cantidad de muertes se debió al accidente producido por la carencia de defensas inmunológicas

“La mayor cantidad de muertes no fue el resultado de una voluntad expresa de los conquistadores, sino más bien el inevitable accidente producido por la carencia de defensas inmunológicas ante una serie de enfermedades desconocidas”, detalla en este sentido Patricio Hidalgo. Tortella lo ejemplifica: “A los europeos la viruela les dejaba marcas de granos en la cara; a los americanos les mataba”.

Rechazo del populismo indigenista

Eso, sumado a las alianzas locales y a la superioridad tecnológica, permitió que ejércitos casi mínimos tomasen el control de imperios enormes con relativa facilidad, propiciando un mestizaje que no se extendió tanto en América del Norte y que es evidente en la cultura latinoamericana aún hoy: el 12 de octubre se celebra en toda Hispanoamérica, incluso en Estados Unidos bajo el nombre de ‘Columbus Day’, pese al rechazo de los crecientes populismos indigenistas.

La izquierda populista trata de difundir una visión de las comunidades indígenas precolombinas como una arcadia feliz que en absoluto existió

“La conquista española y el peso colonial parecen aliviar la responsabilidad de las élites históricas hispanoamericanas en la suerte de sus países”, analiza Bernat Hernández. “Los grupos de izquierda populista tratan de difundir una visión de las comunidades indígenas precolombinas como una arcadia feliz, que en absoluto existió, y obvian que la conquista española se autocuestionó mientras se realizaba”, apunta Patricio Hidalgo.

Teresa Cañedo, cuando se le cuestiona por el efecto de estos mensajes en las comunidades con las que trabaja, responde a partir de la experiencia: “Cuando aparezco por primera vez me asocian a España y a esa Leyenda Negra. Está en todos los textos escolares y los niños lo aprenden y lo repiten”, confiesa, aunque muestra también la otra cara: “A todo el que se sumerge en el asunto, ni se le ocurre”.

Sí lo hace sin embargo, se sumerja o no, a la alcaldesa de Badalona, aunque el barcelonés Gabriel Tortella no duda en afirmar que la medida “no tiene absolutamente ningún sentido” y que responde a una decisión “identitaria” maquillada por una perspectiva histórica “absolutamente falsa”, que obvia el origen catalán de cientos de los colonizadores desplazados a América.

Una perspectiva, además, desactualizada. El lunes, cuando la primera edil de Badalona explicó en Onda Cero las connotaciones que suponían un problema para no celebrar el “Día de la Raza”, hacía referencia a una denominación que desde hace tiempo se utiliza exclusivamente en Honduras y Colombia, con el apellido y de la Hispanidad. Es la Fiesta Nacional de España desde 1987; el Día de la Resistencia en Venezuela; el de las Américas en Uruguay; el del Diálogo Intercultural en Perú; el de la Interculturalidad en Ecuador; el del Encuentro entre dos Culturas en la República Dominicana; el de la Resistencia Indígena en Nicaragua; el del Encuentro entre Dos Mundos en Chile; el de la Descolonización en Bolivia; y el del Respeto a la Diversidad Cultural en Argentina.

Es, en todos los lugares cuyo futuro cambió irremediablemente aquel 12 de octubre de 1492, todavía algo que celebrar y conmemorar. Salvo en Badalona, donde los Reyes Católicos se enteraron de que el mundo ya no era el mismo pero donde la Historia, dice su alcaldesa, “ya no tiene arraigo”.

logo
El nuevo problema de la OPEP