La Gran Duna de Pilat es una gigantesca formación natural de arena en el sur de costa atlántica francesa. Es un monumento natural y destino predilecto de turistas. Allí se llevaron a Catherine Meurisse a finales de enero de 2015 sus amigos.  Y allí se encontró con la belleza de la naturaleza, allí encontró el contrapunto al horror y la sinrazón que unos días antes, el 7 de enero, había vivido. Aquel día tardó en levantarse de la cama, perdió el autobús y llegó con retraso a la redacción de Charlie Hebdo,  donde llevaba diez años trabajando. Por eso se salvó, unos hombres habían entrado con armas en la redacción, le avisaron de que no subiera a la redacción y buscó refugio. Y entonces se escucharon los disparos. La secuencia de su salvación, de su  muerte en vida está recogida en La Levedad (Impedimenta), la novela gráfica en la que Meurisse “recolecta y une las emociones” de aquellos acontecimientos y la vida después del atentado.

Portada de La levedad

En los días siguientes a la matanza, Meurisse participó en el número homenaje realizado por los supervivientes de la redacción. Nada más terminarlo, sintió cómo perdía la memoria. Se había quedado vacía, “hueca” dice en su libro. El paisaje de la duna de Pilat le  hizo comprender que estaba viva.

“Yo estaba en un estado muy frágil y tuve un encuentro cara a cara con la belleza en la duna. La belleza me penetraba, no sabía porque pero la belleza me transformaba”, explica Meurisse, quien desde ese momento emprendió la búsqueda de la belleza como antídoto al vacío existencial que le había dejado el 7 de enero.

En esta búsqueda de la belleza la dibujante se hizo adicta a ella porque quería vivir un síndrome de Stendhal, pero no para vivir un desfallecimiento como se describe este famoso golpe de belleza, sino para levantarse y seguir viva. Por eso viajó a Roma y se alojó en Villa Medicis, la Ademia de Francia en Roma, un institución cultural donde estableció su cuartel general para abordar la belleza de la capital italiana. Vivir con otros artistas le transformaba.

Pese a que “la tristeza no se ha diluido del todo”, la vida ha ganado: “He padecido la culpa del superviviente, he sufrido por sobrevivir y ahora estoy feliz de haber sobrevivido. Mis compañeros están en mi cabeza y en mi corazón”.

La Levedad cuenta todo este proceso, su sufrimiento, su transformación. “Tenía miedo de hacer algo muy egocéntrico o que no fuera comprensible, pero me emocionó la acogida en Francia”, confiesa. Con más de 80.000 ejemplares vendidos solo en este país, el volumen cuenta una historia universal que no es otra que el duelo por la pérdida de un ser querido. Viajar y la belleza es un resorte universal contra la desgracia; en su caso, el terror.

Diez años en la revista satírica se aprecian en el estilo de la narración, en el propio tratamiento al lema Je suis Charlie “es el tipo de símbolo del que nos hubiéramos reído en la revista”. A eso es lo que Meurisse llama la levedad, “hay que se más leve para ser dibujante, no superficial”. Pero Meurisse ya no podrá volver a trabajar en la revista porque ya no están sus compañeros y “me recuerda demasiado al 7 de enero”.

Meurisse continuará su proceso de transformación en colaboración con otro artista, esta vez con la cineasta con la que colaborará en el guión de la película sobre su historia. La vida sigue.