La inauguración hace unos días de la primera tienda Bio de Carrefour en España -en el madrileño barrio de Malasaña, corazón alternativo de la ciudad- es tan solo una prueba más del boom que viven este tipo de productos en España. Las grandes cadenas de alimentación (El Corte Inglés o Lidl son ejemplos de los últimos meses) han entrado en tromba a competir con los supermercados ecológicos para ganarse a los consumidores, que cada vez más demandan productos bio.

En concreto, el mercado de productos orgánicos (sinónimo, en alimentación, de bio y ecológicos) crece a un ritmo interanual del 25%, según datos de la consultora IRI. Lo corroboran además los estudios de las principales consultoras que sitúan a la salud como el gran motor del consumo en el último año.

Con estos datos y un potencial altísimo de crecimiento (el mercado de otros países europeos como Alemania cuadruplica al de España) ya no hay supermercado que quiera quedarse atrás en la pugna por este nicho de mercado pero, ante tanta avalancha del bio, ¿sabe el consumidor lo que compra cuando se decide por uno de estos productos? ¿Puede confiar en lo que se encuentra con este etiquetado en los lineales o tiendas ecológicas?

En El Independiente hemos querido hablar con dos de las principales organizaciones que velan por la ecología y que más presión suelen hacer sobre las compañías en materia de sostenibilidad, Greenpeace y Ecologistas en Acción, para analizar estos productos. Ambas organizaciones han querido incidir, de partida, en que estos productos ofrecen en general muchas más garantías que los productos convencionales por lo que resultan, a priori, una mejor opción tanto para el medio ambiente como para la salud.

Un estándar europeo

Partimos de que los productores ecológicos no tienen la obligación de certificar su producción, una acreditación que conlleva un coste y que, por tanto, suele excluir a muchos pequeños productores y ganaderos de este circuito de masas que se está empezando a generalizar.

Los más conocidos, de carácter público y dimensión europea son el logotipo ecológico (la hoja verde) (para alimentación) y la etiqueta ecolabel para productos de higiene. En el caso del primero, el producto tiene garantizadas unas condiciones de sostenibilidad referentes a la no utilización de transgénicos, restricción del uso de pesticidas o bienestar animal principalmente. Los productores se someten, al menos una vez al año, a controles para certificar esas condiciones. En el caso de ecolabel, garantiza que esos productos tienen un bajo impacto sobre el medio ambiente.

Además de estos sellos, en España el control y la certificación de la producción agraria ecológica es competencia de las Comunidades Autónomas y se lleva a cabo mayoritariamente por autoridades de control públicas, a través de Consejos o Comités de Agricultura Ecológica territoriales. No obstante, Andalucía y Castilla-La Mancha han autorizado a organismos privados la realización de estas funciones y, en el caso de Aragón, las autoridades competentes han designado una autoridad de control pública y han autorizado a su vez organismos de control privados.

Existen algunos productos, por ejemplo los cosméticos, que no pueden adscribirse a los sellos anteriores pero pueden contar con los de certificadoras privadas como Ecocert. Existen, además, múltiples certificadoras privadas de ámbito nacional e internacional que complementan a las anteriores.

Un examen a lo BIO

En el recorrido por el supermercado recién abierto (que ha sido tomado a modo de ejemplo, pues sigue la línea de lo que se puede encontrar en general en estos establecimientos) hemos visto que la práctica totalidad de los productos cuentan con alguno de los sellos descritos arriba. Unos estándares de calidad que ofrecen garantías, pero sobre los que al poner la lupa dejan ver detalles que pueden pasar por alto al consumidor, con la consiguiente confusión.

Productos frescos: además de no provenir en ningún caso de transgénicos ni haberse fertilizado con abonos químicos, estos cultivos restringen en gran medida o totalmente el uso de pesticidas. En total, los cultivos herbáceos generan un 30% menos de emisiones de CO2 al planeta, según explica Abel Esteban, coordinador del Área de Agroecología de Ecologistas en Acción. La mejor opción, si son de proximidad y se venden a granel. “Me agrada que la mayoría se vendan a granel, pues normalmente en los supermercados convencionales los frescos ecológicos suelen venir sobreenvasados. Lo que no me gusta, por ejemplo, es que cada manzana venga etiquetada con una pegatina. Es un gasto innecesario”, apunta Luís Ferreirim, responsable de agricultura de Greenpeace España, que destaca que las que vienen de fuera de España arrastran una huella ecológica mayor, por lo que “a lo mejor no hace falta comer manzanas todo el año sino promover las frutas de temporada”. En el caso de los huevos y otros productos de ganadería, el sello acredita condiciones de bienestar animal, además de que la alimentación de esos animales ha sido sin agrotóxicos ni transgénicos.

Alimentación infantil: los potitos, leches de fórmula,  cereales y resto de alimentación infantil que cuentan con el sello ecológico, tienen garantizados los métodos de producción, pero no el origen de cada una de las materias primas. En el caso de los de pescado, vemos por ejemplo en una marca navarra exclusiva de productos ecológicos que no incluye el sello, lo que se debe a que está hecho con merluza salvaje y tanto los productos de caza como los de pesca salvaje están excluidos del sello.

Conservas: vemos, en general, sellos pero aquí hay que tener cuidado porque se puede producir una importante confusión. En un supermercado ecológico, donde todo lo que se vende es ecológico, la lata contiene “atún en aceite de oliva virgen ecológico”. Y ojo aquí, porque lo único ecológico es el aceite. El atún es convencional. Lo mismo ocurre con los calamares en salsa americana ecológica (solo la salsa) de la misma marca. No es el caso de todas las conservas, algunas sí incluyen pescados con certificación ecológica, como los mejillones de las rías gallegas, pero hay que leer bien la etiqueta para no perderse.

Legumbres: todas las que encontramos en el supermercado tienen el sello ecológico, aunque los ecologistas destacan las que se despachan a granel, porque consiguen además evitar esos plásticos en el envasado. “Así podemos llevarnos lo que queramos y con menos envoltorio, aunque las bolsas que nos ofrecen podrían ser mejores, porque combinan papel y plástico por lo que resulta más difícil para reciclar”, apunta Ferreirim. En cuanto al origen, está especificado tanto en las que se venden envasadas como a granel, algunas proceden de la UE y otras de fuera: “Si seleccionamos las de cercanía, evitamos en parte esa huella y promoviendo la producción local para frenar el despoblamiento rural que avanza de forma importante”, añade.

Frutos secos: encontramos que todos vienen con el sello pero también una paradoja. En un estante que promociona “Producto local” junto a la bandera de la Comunidad de Madrid encontramos arándanos. El ecologista se sorprende, “si en España no producimos arándanos”, se pregunta Ferreirim. Dando la vuelta a la bolsa, vemos que junto al sello del Consejo Regulador de la Comunidad de Madrid (la compañía que comercializa los arándanos y resto de frutos secos está radicada en Madrid) una impresión dice: producto de EEUU. Un poco confuso, cuanto menos. Los productos que cuentan con los sellos han sido empaquetados en Madrid, pero no se garantiza el origen de la materia prima, por lo que de producto local resulta discutible.

Productos de limpieza: vemos que todos los productos de droguería y limpieza incluyen el sello ecolabel, que garantiza que los productos que estamos comprando tienen un impacto reducido en el medio ambiente o los cultivos no han sido genéticamente modificados (transgénicos) y otras directrices especificadas por la normativa europea. Por ejemplo, como señala Ferreirim, “el algodón es uno de los cultivos donde destaca la gran cantidad de transgénicos, que aquí estaría excluido”.

Cosmética: como decíamos arriba, el sello europeo ecolabel,  no afecta a estos productos, por lo que si vemos alguna certificación será la de alguna de las compañías privadas como Ecocert, sellos varios que se ven en casi la totalidad de los productos del supermercado que visitamos.

En definitiva, vemos cómo el consumidor puede llenar su cesta de la compra con productos que llevan garantizado su carácter ecológico en el etiquetado, más allá de que alguno, como hemos ido viendo, pueda generar cierta confusión. Por otro lado, también es importante recordar que hay otro sector de producción (el de los pequeños agricultores y ganaderos) que por motivos normalmente ecológicos no llega a certificar sus productos. En ese caso, tal como destacan los ecologistas, la clave es la confianza mutua. “Existen los llamados sistemas alternativos de confianza, donde a través de procesos participativos se crea un sistema de garantías. Estos productos pueden comprarse, por ejemplo, en grupos de consumo o en internet”, explica Esteban.